Qué es una casa cueva y por qué está fresca en agosto
Una casa cueva no es una casa construida y luego cubierta de tierra. Es una vivienda excavada en la roca: las estancias se tallan en la ladera, y hacia fuera quedan la fachada, las ventanas y el patio. Es una forma de habitar propia del sureste español, y sigue siendo una de las más inteligentes frente al calor.
Por qué dentro se está fresco en agosto
La roca tiene una inercia térmica enorme: tarda muchísimo en calentarse y otro tanto en enfriarse. A un metro de profundidad, la temperatura del terreno deja de seguir la del aire y se queda cerca de la media anual del lugar. Por eso en una casa cueva se entra en agosto y se agradece de inmediato, sin aire acondicionado —y por eso en enero esa misma roca es la que aísla.
La ventilación cruzada hace el resto. Bien hecha, evita la humedad que todo el mundo teme y que es, en realidad, el defecto de las cuevas mal ventiladas, no de las cuevas.
La humedad, que es la primera pregunta de todo el mundo
Conviene decirlo claro: una cueva bien ventilada está seca. La roca no «suda». Lo que ocurre en las cuevas cerradas es que el vapor de respirar, cocinar o ducharse no encuentra por dónde salir y condensa en la pared más fría. Con la fachada abierta y el aire circulando, eso no llega a pasar.
Es el mismo motivo por el que una casa cueva habitada se conserva y una cueva abandonada se degrada: lo que la mantiene sana es que se viva en ella.
Cómo es dormir en la roca
Lo primero que se nota es el silencio. Un metro de piedra no deja pasar nada: ni el viento, ni la carretera, ni el vecino. Lo segundo es la oscuridad, porque una habitación excavada no tiene ventana al exterior. Hay quien duerme como no ha dormido en años y hay quien prefiere despertarse con la luz; conviene saberlo antes de reservar.
Los techos son abovedados, porque la bóveda es lo que sostiene la roca sin necesidad de vigas. Las paredes van encaladas. Y en la piedra se tallan hornacinas, que hacen de estantería.
Una casa que no se construye: se le quita material a la ladera
No hay estructura, ni cimientos, ni cubierta. Por eso las estancias se excavan una detrás de otra en vez de repartirse alrededor de un pasillo: cada habitación nueva se le gana al cerro, y la bóveda tiene que cerrarse sola.
El encalado tampoco es decoración. La cal deja respirar la piedra, desinfecta, y devuelve la luz hacia dentro —que es justo lo que falta en una estancia sin ventana al exterior. Se repasa cada cierto tiempo, como se ha hecho siempre.
Dónde hay casas cueva en España
Las más conocidas están en Granada —Guadix, Baza, el Sacromonte— y en Almería, Jaén y Albacete. También en Gran Canaria. En la Región de Murcia hay muchas menos, y casi ninguna se alquila: el norte del territorio, hacia Abanilla y Fortuna, conserva unas cuantas excavadas en los cerros de travertino.
Lo que conviene saber antes de reservar una
La oscuridad es total. Una habitación excavada no tiene ventana: con la luz apagada no se ve la mano. Hay quien duerme como no ha dormido en años; a quien le gusta despertarse con la claridad le conviene una habitación de la parte construida.
El silencio, igual. Un metro de piedra no deja pasar el viento, ni la carretera, ni al vecino. Es lo que más sorprende la primera noche.
La temperatura no se regula, se hereda. Una cueva va muy por detrás del tiempo que hace fuera: no se calienta porque haya una ola de calor, ni se hiela porque caiga una helada. En agosto eso es toda la ventaja. En enero significa que la piedra no está fría, pero tampoco caliente, y se agradece un rato de calefacción al llegar.
Dormir en La casa cueva «Los Carujos»
Los Carujos está en Barinas, pedanía de Abanilla, a 35 minutos de Murcia. Tiene tres dormitorios —dos excavados en la roca, el principal en la parte construida— y piscina privada. Se reserva directamente, sin intermediarios.
Alrededor: la ruta de las pozas del río Chícamo, las cárcavas del desierto de Mahoya, los senderos de la Sierra de la Pila y Murcia capital a 35 minutos. Todos los alrededores en un mapa, de lo más cerca a lo más lejos.