Qué ver en Pinoso: la montaña de sal, el mármol y el mercado
Pinoso —El Pinós— está a un cuarto de hora de Barinas, pasada la raya: ya es provincia de Alicante, comarca del Vinalopó Medio. Se va para el mercado, para comer, y para ver una cosa que no hay en casi ningún sitio.
Una montaña de sal
El Cabezo de la Sal es un cerro de 893 metros que no es de roca: es de sal gema y yeso. Un diapiro del Triásico, uno de los mejores ejemplos de España y de Europa, empujado hacia arriba desde el fondo durante millones de años. Se extrae sal de ahí desde la antigüedad, y las reservas se calculan en unos 500 millones de toneladas.
Alrededor, el terreno está lleno de dolinas: hundimientos circulares que se abren cuando la sal se disuelve por debajo. Es un paisaje raro, y se entiende mejor sobre el terreno que en una foto.
El mármol crema marfil
En el Monte Coto están las canteras de crema marfil, las mayores de la provincia. Ese mármol de color hueso que se ve en medio mundo —en suelos, en encimeras, en fachadas— sale de aquí. Las canteras se ven desde la carretera, y el corte blanco en la montaña impresiona.
El pueblo
Pinoso se recorre andando, por calles empedradas, y conserva el aire de pueblo que vive de lo suyo y no del turismo. En lo alto está la iglesia de San Pedro Apóstol, a la que se sube por una escalinata: torre del reloj con el campanario de forja, y la cúpula de teja vidriada azul que se ve desde lejos. Se fundó en 1739 sobre una ermita y tomó su aspecto actual en 1888; dentro está el camarín de la Virgen del Remedio, patrona del pueblo.
La torre del reloj es de 1887 y manda sobre el centro. La maquinaria se compró en Madrid en 1889 y sigue dándose cuerda a mano: anda con pesas colgadas de una cuerda, como un reloj de cuco. Al lado, la Casa de Don Pedro, de finales del XIX, que fue del alcalde y hoy es del pueblo, dedicada a actos culturales.
Pinoso tiene unos 7.900 habitantes y no ha crecido alrededor del turismo: vive del vino, de la sal y del mármol. Del 1 al 8 de agosto son las fiestas de la Virgen del Remedio, con procesiones y fuegos artificiales la última noche. El aeropuerto de Alicante queda a tres cuartos de hora.
El mercado de los sábados
Los sábados por la mañana, en la plaza de abastos —el mercado cubierto— y en las calles de alrededor, como en Fortuna. Verdura de la zona, embutido, queso, y el trato de un pueblo que no vive del turismo. Es uno de los tres mercados de la semana que se pueden hacer desde la casa: martes en Barinas, sábado en Fortuna y en Pinoso, domingo en Algueña.


Viñedo, y mesa
Alrededor de Pinoso todo es viñedo de monastrell, la uva de este secano, la misma que hace los vinos de Jumilla al otro lado. Y se come bien: gazpacho manchego, arroz con conejo y caracoles, embutido de la tierra. No es cocina de carta larga; es cocina de sitio.
Dormir a quince minutos
En Barinas, pedanía de Abanilla, alquilamos una casa cueva con piscina privada para cuatro personas. Pinoso queda a un cuarto de hora: se baja al mercado por la mañana y se vuelve a comer a la sombra.
Cerca de aquí
- El río Chícamo — la ruta de las pozas, con los pies en el agua
- Abanilla — las escaleras pintadas, los lavaderos y los almendros en flor
- El desierto de Mahoya — cárcavas y badlands que fueron fondo marino
- Los Baños de Fortuna — aguas termales a 46 grados y el mercado de los sábados
- La Sierra de la Pila — rutas señalizadas, miradores y refugios de piedra seca
- Murcia capital — la catedral, el Real Casino y los paparajotes
- El Hondo — flamencos y morito común en el humedal
- Caravaca de la Cruz — ciudad santa, los Caballos del Vino y las Fuentes del Marqués
Todos los alrededores en un mapa, de lo más cerca a lo más lejos.
¿Nunca has dormido en una cueva? Qué es una casa cueva, y por qué dentro se está fresco en agosto.