Vistas desde la parte alta de Los Carujos sobre el pueblo de Barinas, la huerta y la sierra al fondo

Calle Los Carujos 39, Barinas · Abanilla · Región de Murcia

Casa cueva con piscina privada en Murcia, sobre el pueblo de Barinas

Casa cueva para cuatro, con dos dormitorios excavados en la roca, piscina privada de 6 × 4 y jardín con vistas. En Barinas (Abanilla), a 35 minutos de Murcia.

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Capacidad
4 personas
Dormitorios
3
Baños
1
Superficie
64 m²
Entrada
16:00
Salida
11:00
Desde
80 € por noche

Una casa cueva excavada en la ladera, fresca en pleno agosto

Los Carujos es una casa cueva de verdad: su corazón está tallado en la ladera que domina Barinas, no construido y luego cubierto de tierra. Con los años se le añadió una parte edificada y encalada, la que se ve desde el camino, y que hoy alberga el dormitorio principal. Sesenta y cuatro metros cuadrados en total.

Si es la primera vez, merece la pena saber qué es una casa cueva: por qué la roca mantiene el frescor en agosto sin aire acondicionado, y cómo es el silencio de dormir bajo un metro de piedra.

Fachada encalada de Casa Cueva Los Carujos, con sus puertas y ventanas azules y el zócalo de travertino
La parte construida, la que se ve desde el camino. El resto está detrás, dentro de la ladera.

La roca hace el trabajo que en otras casas hace la máquina: dentro se está fresco cuando fuera aprieta el sol, y templado cuando llega el invierno. Sin ruido, sin corrientes, sin ese zumbido de fondo del que uno solo se da cuenta cuando desaparece.

Tres dormitorios, y no todos iguales: dos están tallados en la roca, donde el silencio es completo y la temperatura no se mueve en todo el año; el principal está en la parte construida, más luminosa, con su ventana al exterior. Se elige según la noche.

Segundo dormitorio excavado en la roca, con techo abovedado y hornacinas talladas en la piedra
Uno de los dos dormitorios tallados en la roca: techo abovedado, hornacinas en la piedra, ni una ventana.

Cocina equipada, terraza de mármol —en parte rojo Alicante—, zona de estar a la sombra y barbacoa. Y la piscina, que es privada de verdad: seis metros por cuatro, 1,60 de profundidad, y solo la usa quien duerme aquí. A su lado, sobre el césped, otro rincón para tumbarse cuando el agua ya ha hecho su trabajo.

La piscina privada entre los muros encalados y las escaleras de travertino
La piscina, al abrigo de los muros encalados.

Un pueblo entero a tus pies

La casa está arriba, cerca de la estatua del Corazón de Jesús, asomada al pueblo. Desde la piscina, unos escalones suben al aparcamiento privado, y desde allí, pasando por delante del estanque de los peces, una escalera azul lleva al jardín de arriba.

Ya está arreglado, con su propia zona de estar desde la que se ve Barinas entero —la iglesia, los tejados, la estatua— y detrás el campo abierto hasta la sierra. Es donde se acaban las noches de verano. Si te apetece, es también donde se duerme con la cabeza en las estrellas. Un poco más arriba, un pequeño huerto de frutales: olivos, limoneros, naranjos, higueras y un granado.

Vistas desde la parte alta de Los Carujos sobre el pueblo de Barinas, la huerta y la sierra al fondo
Desde la parte alta: el pueblo, la huerta y la sierra al fondo.

Por dentro de la casa cueva

La roca encalada, los techos abovedados, el suelo hidráulico del dormitorio principal y la cocina de verano en la terraza, con el valle enfrente.

Dormitorios

  1. Dormitorio principal · cama de 160 · en la parte construida
    Dormitorio principal, en la parte construida de la casa, con ventana de contraventanas azules y suelo hidráulico
  2. Segundo dormitorio · cama de 135 · excavado en la roca
    Dormitorio excavado en la roca, con la piedra vista en una de las paredes y un arco de ladrillo
  3. Tercer dormitorio · cama individual de 80 · excavado en la roca
    Segundo dormitorio excavado en la roca, con techo abovedado y hornacinas talladas en la piedra

Tres dormitorios para cuatro viajeros: nadie duerme en el salón. Dos están tallados en la roca; el principal, en la parte construida.

Equipamiento

  • Piscina privada de 6 × 4 m
  • Terraza de mármol rojo Alicante
  • Cocina de verano con barbacoa
  • Cocina equipada
  • Salón con televisión
  • Zona de césped
  • Wi-Fi por satélite (Starlink)
  • Aparcamiento gratuito
  • Jardín en alto con vistas al pueblo

El pueblo, a pie desde la puerta

Estar arriba no es estar aislado: al pueblo se baja andando. Barinas tiene ochocientos vecinos y justo lo que hace falta —panadería, estanco, banco y un súper pequeño, con su carnicería dentro, donde se encuentra de todo—. Ni más, ni menos.

Y los martes por la mañana, el mercado: fruta y verdura de temporada, a dos pasos de casa.

Sin coger el coche puedes dar la vuelta al pueblo entre olivos, almendros y frutales, por un camino que acaba en el campo de fútbol y en una pista de pádel.

La compra, y los días de mercado

Para una compra en condiciones hay dos sitios, los dos a un cuarto de hora de casa.

Fortuna, con sus supermercados y su mercadillo los sábados por la mañana. Y Pinoso, ya en la provincia de Alicante, con supermercados y un mercado cubierto —las plazas de abastos de toda la vida— también los sábados por la mañana. Se va por el mercado y uno se queda por lo demás.

Y los domingos, Algueña, igual de cerca, llena la Plaza de España con su mercadillo: fruta y verdura de la huerta de aquí, ropa, cacharros, de ocho y media a la una y media. Con el mercado de los martes en Barinas y los sábados de Fortuna y Pinoso, la semana se organiza sola.

Aquí al lado empieza la ruta del vino

En Pinoso, a un cuarto de hora, arranca la Ruta del Vino de Alicante. La Bodega de Pinoso lleva desde 1932 en el mismo edificio de ladrillo y es hoy la mayor productora de vino ecológico de la Comunidad Valenciana; se visita con cita previa. Alrededor, Volver, El Sequé y otras abren sus puertas para catas y paseos entre cepas.

A cuarenta kilómetros está Jumilla, y eso ya son palabras mayores: denominación de origen desde 1966, la más antigua de la Región de Murcia, y el mayor viñedo de Monastrell del mundo. Quince bodegas forman su ruta del vino, casi todas en pleno campo y casi todas vendiendo en la propia bodega. Hay hasta un museo del vino, en la Hacienda del Carche.

Dos denominaciones de origen distintas a media hora la una de la otra. No es nada corriente.

Desierto, oasis y aguas romanas

El desierto de Mahoya empieza a las puertas de casa: cárcavas, badlands, un paisaje que llaman lunar y que hace cuatro millones de años era fondo de mar. La ruta señalizada PR-MU 74 lo recorre en ocho kilómetros y se mete en el cañón de El Cajer.

Por en medio corre el río Chícamo, un oasis en pleno secarral. En sus barrancos crece el mayor número de palmerales de rambla de toda la Región de Murcia, y buena parte del camino se hace con los pies en el agua. Es la excursión que todo el mundo recuerda.

A un cuarto de hora, Fortuna y sus aguas termales. El balneario de Leana está levantado sobre unas termas romanas del siglo I a. C., y al lado se abre la Cueva Negra, un santuario pagano con textos latinos pintados en la roca —los tituli picti— que los arqueólogos siguen descifrando. Después de un día de monte, el agua caliente se agradece más de lo que uno reconoce.

Y en el propio Pinoso, la iglesia de San Pedro Apóstol, del XVIII, la torre del reloj y la ermita de Santa Catalina en su cerro. Más arriba, el Monte Coto sube hasta los 900 metros entre pinos y carrascas, y el Cabezo de la Sal enseña sus paredes rojas y blancas. Se come gachamiga, arroz con conejo y caracoles, y embutido de la tierra.

De finales de enero a marzo, los almendros en flor lo cambian todo. Es, probablemente, el mejor momento del año para venir —y el que menos gente conoce.

Nada de esto sale en los folletos. Es la España que se cocina en casa.

Y un poco más lejos, la Sierra de la Pila, El Hondo para ver aves y Caravaca de la Cruz. Todos los alrededores en un mapa, de lo más cerca a lo más lejos.

Murcia capital, a 35 kilómetros

El casco antiguo se recorre andando, y casi todo está en cinco manzanas: la catedral, gótica por dentro y con una fachada barroca que parece un retablo puesto de pie; el Real Casino, del XIX, con su patio árabe y su biblioteca inglesa; y el museo Salzillo, que guarda los pasos que salen en Semana Santa.

Se tapea en la plaza de las Flores y en Santo Domingo, de pie y sin prisa. Hay que probar los michirones —habas secas guisadas con chorizo y hueso de jamón, picantes—, la marinera, que es una rosquilla con ensaladilla y una anchoa encima, el zarangollo de calabacín y cebolla, el pastel de carne y los boquerones. De postre, paparajotes: hojas de limonero rebozadas y fritas. La hoja no se come, aunque todo el mundo lo intente una vez.

Si se puede elegir la fecha, la primavera. La Semana Santa de Murcia es Fiesta de Interés Turístico Internacional, y justo después llegan las Fiestas de Primavera: el Bando de la Huerta, el martes siguiente al domingo de Resurrección, con la ciudad entera vestida de huertano, y el Entierro de la Sardina, que la cierra el sábado entre carrozas y fuego. Barinas está a media hora: se baja, se vive y se vuelve a dormir al silencio.

Qué ver en Murcia capital en un día: el casco antiguo, el Real Casino por 5 €, el Teatro Romea y dónde tapear.

Cómo llegar

Barinas está a 35 minutos de Murcia y a una hora de Alicante en coche. El aeropuerto de Alicante-Elche queda a menos de 50 minutos, y el de Murcia, en Corvera, a 45. Hay aparcamiento gratuito en la puerta. El coche hace falta para recorrer la zona; para bajar al pueblo, no. La casa se reparte en varios niveles unidos por escaleras, así que no es adecuada para personas con movilidad reducida.

Para el GPS. El número de la casa no se ve desde la calle, así que lo más fácil es poner C. Corazón de Jesús, 30648 Barinas, Murcia y coger esa calle. Abrir en Google Maps.

  1. Al final de la calle, gire a la derecha y siga recto por una carretera que sube.
  2. Pasará por delante del Sagrado Corazón de Jesús, que queda a su derecha.
  3. Llegará a un olivo que separa dos caminos: uno de frente y otro a la izquierda. Tome el de frente.
  4. Es una cuesta corta y muy empinada; arriba está el aparcamiento de la casa.

Le enviamos estas mismas indicaciones, con fotos del camino, antes de su llegada.

Y el mar, a cincuenta minutos

La casa es de interior, pero la costa no queda lejos: unos cincuenta minutos de coche hasta las playas de la Costa Cálida y el Mar Menor, agua tranquila y poco profunda, cómoda con niños. En San Pedro del Pinatar están las salinas, con sus flamencos y sus baños de lodo. Se va por la mañana y se vuelve a dormir al fresco de la roca.

Lo práctico, para no tener que preguntarlo

  • Entrada a partir de las 16 h; salida hasta las 11 h.
  • Ropa de cama, toallas y paños de cocina incluidos.
  • Animales bienvenidos, sin suplemento.
  • Lavadero con lavadora, congelador y tendedero. Cocina equipada y barbacoa.
  • Sin aire acondicionado, porque la roca ya hace ese trabajo: ventiladores de techo en el salón y un ventilador en cada dormitorio.
  • Calefacción de gas en invierno. El agua caliente y la cocina funcionan también con bombona de butano.
  • Aparcamiento privado para dos coches.
  • Wifi por satélite (Starlink) y televisión.

La piscina no está climatizada. Según el año, se disfruta de abril a primeros de octubre.

Con niños pequeños conviene saberlo antes de llegar: la piscina no está vallada, en el jardín de arriba hay un estanque con peces y los distintos niveles se unen por escaleras.

Preguntas frecuentes

¿Qué es exactamente una casa cueva?

Es una vivienda excavada en la roca, no una casa construida y luego cubierta de tierra. Las estancias están talladas en la ladera, con fachada, ventanas y patio al exterior. Es una forma de habitar propia del sureste español, y sigue siendo una de las más inteligentes frente al calor.

¿Se pasa frío o humedad dentro de la cueva?

No. La roca mantiene una temperatura estable durante todo el año. En verano se entra y se agradece de inmediato; en invierno esa misma roca es la que aísla. La ventilación cruzada evita la humedad.

¿Cuántas personas pueden alojarse?

La casa está preparada para cuatro viajeros, repartidos en tres dormitorios: una cama de 160 en la parte construida, y dos habitaciones excavadas en la roca, con una cama de 135 y una individual de 80. Es un espacio pensado para una familia o un grupo pequeño, no para grandes celebraciones.

¿La piscina es solo para la casa?

Sí. La piscina es privada y la usa únicamente quien se aloja en Los Carujos. No se comparte con ninguna otra vivienda.

¿Se duerme dentro de la roca?

En dos de los tres dormitorios, sí: están excavados en la ladera, sin ventana al exterior, con esa quietud y esa temperatura constante que solo da la piedra. El dormitorio principal, en cambio, está en la parte construida de la casa y tiene ventana. Quien quiere la experiencia completa duerme en la roca; quien prefiere despertarse con la luz tiene dónde.

¿Es accesible para personas con movilidad reducida?

No, y preferimos decirlo antes de la reserva. La casa está en la ladera y se reparte en varios niveles: del aparcamiento se baja a la vivienda y a la piscina, y al jardín de arriba se sube por una escalera. No hay ningún recorrido sin escalones.

¿Dónde está y cómo se llega?

En Barinas, pedanía de Abanilla, en la Región de Murcia. Se llega en coche desde Murcia en 35 minutos y desde Alicante en una hora. El aeropuerto de Alicante-Elche queda a menos de 50 minutos y el de Murcia, en Corvera, a 45. El coche es imprescindible para moverse por la zona; para bajar al pueblo, no.

¿Qué se puede hacer en los alrededores?

Senderismo y bicicleta por el desierto de Mahoya y la sierra, los baños termales de Fortuna a un cuarto de hora, el casco antiguo de Abanilla, los vinos y la gastronomía de Pinoso, y la floración de los almendros entre finales de enero y marzo, que es probablemente el mejor momento del año para venir. Y el mar, a unos cincuenta minutos: las playas de la Costa Cálida y el Mar Menor.

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